miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Cómo se formó la Biblia? - septiembre mes de la Biblia

Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
2 Pedro 1:21
Toda la Escritura es inspirada por Dios.
2 Timoteo 3:16
Unos 45 autores contribuyeron a su redacción. Pertenecieron a todos los ámbitos socioculturales. Entre ellos encontramos a Moisés, hombre de gran erudición, formado en la misma escuela que un faraón; Josué, un jefe de guerra; David, rey de Israel; Daniel, ministro de varios gobiernos sucesivos; Nehemías, copero real; Amós, pastor; Pedro, pescador; Mateo, recaudador de impuestos; Lucas, médico; Pablo, erudito y fabricante de tiendas.
Los libros que constituyen las Santas Escrituras fueron redactados en circunstancias a veces extrañas: Moisés escribió en el desierto, Jeremías y Pablo en la cárcel, Lucas durante sus viajes, Juan durante su exilio. Estos autores experimentaron todos los estados del alma: alegría, amor, temor, inquietud, desamparo, duda.
En el transcurso de varios siglos los autores inspirados por Dios escribieron las diferentes partes de la Biblia. El Antiguo Testamento fue redactado en el idioma hebreo con algunas porciones en arameo, mientras que el Nuevo Testamento fue escrito en griego. Pese a ello, el conjunto presenta una unidad humanamente inexplicable. Sus diferentes autores abordaron cientos de temas sin contradecirse.
¿Cómo es posible que hombres provenientes de épocas y lugares tan variados hayan podido expresar ideas convergentes sobre tan gran número de temas? No es nada sorprendente. Cualesquiera que sean los instrumentos que haya empleado, Dios mismo los inspiró y se reveló a lo largo de las páginas de la Biblia. Para conocer a Dios, escuchémosle: leamos su Palabra.
2 Crónicas 21 - 1 Corintios 12 - Salmo 103:19-22 - Proverbios 22:22-23

sábado, 12 de agosto de 2017

La voz de la creación

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras.
Salmo 19:1-4
Alaben la misericordia del Señor, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
Salmo 107:31
Un cristiano de la ex República democrática alemana cuenta lo siguiente: «En el koljós (granja colectiva) teníamos un jefe muy difícil. Pero cierto día llegó al trabajo totalmente transformado. Todos notamos el cambio inmediatamente. Nos trataba bien, no maldecía y nos ayudaba mucho. Durante la pausa nos contó lo siguiente:
Hace algunos días fui a dar un paseo. Era tarde, ya estaba oscuro, pero el cielo estaba estrellado. Esto me impresionó. Entonces empecé a dudar: ¿Todo esto pudo crearse solo? ¡Imposible! Para toda construcción se necesita un arquitecto, un ingeniero... ¿Este universo se habrá creado solo? ¡Qué terrible error! Derrotado, me incliné entonces ante el Creador. Pero Dios prosiguió la obra que había empezado en mí: encontré la paz confesando mis pecados y creyendo en Jesucristo. Ahora quiero servir a Aquel que murió por mí y que creó toda esta maravillosa naturaleza.
Ese cambio consternó a nuestros compañeros, sin embargo respetaron a su superior. Y nosotros, los cristianos, vivimos este cambio como un regalo de Dios. Desde entonces nuestro jefe se convirtió en un amigo y hermano para nosotros. Nos aportó una valiosa ayuda y fue un testigo fiel a su Señor.
Dios utilizó la voz de la creación para llevar a cabo esta conversión milagrosa».
1 Crónicas 25 - Lucas 20:1-26 - Salmo 93 - Proverbios 21:9-10

lunes, 24 de julio de 2017

Libertad ilusoria

El Hijo de Dios... me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.
Gálatas 5:1
Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.
1 Pedro 2:16
La libertad es una noción apreciada por todo ser humano. El diccionario la define como la facultad de actuar sin obligación por parte del prójimo. Para que la vida en sociedad sea posible, la libertad no elimina todas las obligaciones. No se trata de hacer todo lo que uno quiera, sin ningún límite o restricción. Sin embargo, el que reclama la libertad quiere vivir con el mínimo de obligaciones posibles, y como él quiere. En consecuencia las exigencias establecidas por Dios para el bien del hombre son ignoradas o rechazadas.
Algunas personas incluso llegan a pensar que para ser verdaderamente libres, no hay que preocuparse por las leyes de Dios. Debido a esta pretendida libertad, ¡cuántos problemas hay en las familias, las parejas y la sociedad! El individuo que camina sin Dios es efectivamente esclavo de sí mismo, de sus deseos, de sus codicias. Así, en vez de ser libre, se halla en una situación de esclavitud y de rebelión que la Biblia llama “pecado”.
¿Quién puede librarnos de esta terrible condición? Jesucristo vino a liberar a los que están atados por las cadenas del pecado, para darles la libertad. El precio fue pagado mediante su muerte en la cruz. Jesús también nos liberó del poder del pecado y del juicio de Dios.
Todavía hoy quiere hacerlo por usted: “Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36), libres del pecado para vivir la vida de Jesús desde hoy.
Miqueas 3-4 - Lucas 4:16-44 - Salmo 83:9-18 - Proverbios 19:13-14

martes, 20 de junio de 2017

Isaías 40:12


Mi nuevo nacimiento a los cuarenta y ocho años

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
Efesios 2:8
La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Romanos 10:17
«A los veinticinco años, cuando fui nombrado sacerdote, cursé un ciclo de estudios universitarios superiores. Allí empecé a sentir el vacío que había en mi interior. Me habían enseñado que la Biblia solo tenía un valor relativo y que en muchos ámbitos su veracidad era discutible. No obstante, decidí leer la Biblia para saber lo que ella misma dice. Así comprendí que ella es, al contrario, perfectamente fiable, que proviene de Dios y que enseña grandes verdades. Los hechos históricos que hallamos en ella son verídicos; todas las promesas de Dios son verdaderas, igual que las profecías. Los mandamientos bíblicos hacen que vivamos según la justicia (2 Timoteo 3:16-17).
Finalmente, después de largo tiempo, a los cuarenta y ocho años comprendí, solo mediante la Palabra de Dios, que Cristo murió en mi lugar en la cruz. Estaba maravillado al ver cómo la gracia de Dios puede actuar eficazmente solo por medio de la Biblia, presentando la persona del Señor Jesús...
Para explicar la vida abundante que Jesús ofrece y de la que gozo en la actualidad, no existen palabras más expresivas que estas: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2)».
Richard
2 Reyes 15 - Efesios 3 - Salmo 71:1-6 - Proverbios 17:9-10

miércoles, 10 de mayo de 2017

Levántate y anda...

Pedro dijo (al hombre cojo de nacimiento): No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó... se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
Hechos 3:6-8
Este es el título de una novela del escritor francés Hervé Bazin. La heroína lucha desesperadamente contra su parálisis. Por su valentía se descubre a sí misma y se impone a los demás. Desgraciadamente sus esfuerzos son vanos, pues la novela termina con su muerte. Este libro muestra una imagen de la vida humana en nuestro mundo sin Dios, y por ello sin esperanza. Por mucho que luchemos, que nos esforcemos, ¡todo parece estar condenado al fracaso!
Muchos lectores de Bazin quizás ignoren que el título de su libro fue sacado de un pasaje de la Biblia. Pero a diferencia de este personaje, el hombre paralítico a quien Pedro dirigió esta frase, creyó y fue curado. Después entró en el templo saltando de alegría y alabando a Dios.
El hecho de ser cristiano no garantiza la curación del cuerpo, como afirman algunos, pero da la salvación del alma. No todos estamos enfermos en nuestro cuerpo, pero todos tenemos que ser curados de ese mal que nos carcome y que la Biblia llama pecado. Se manifiesta bajo diferentes formas: envidia, odio, codicia, mentira, avaricia... Nos vuelve esclavos, nos paraliza y nos deforma.
Pero cuando vamos a Jesús con fe, Dios nos perdona y nos libera; cura nuestra alma. Entonces, conscientes de su bondad y amor, la alabanza surge espontáneamente de nuestro corazón. ¡Nos levantamos con una vida nueva y caminamos con Jesús!
1 Reyes 8:1-30 - Marcos 10:1-31 - Salmo 55:16-23 - Proverbios 15:7-8