viernes, 25 de diciembre de 2015

La señal de Dios

Dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Lucas 2:7
(Los magos) lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
Mateo 2:11

Los pastores no recibieron como señal nada extraordinario, maravilloso, ni especial, cuando el ángel les anunció el nacimiento de Jesús. Sólo iban a ver un niño acostado en un pesebre. La señal de Dios era ese niño nacido entre los pobres.
Los primeros en ver esa señal fueron, pues, estos pastores. Jesús entró en la pobreza humana para que los pobres lo encontraran cerca de ellos. No es que los pobres sean mejores que los demás, pero Dios se fija en ellos, y Jesús llegó a donde ellos estaban. “Dios es grande, pero no desestima a nadie” (Job 36:5). Los pastores pudieron ver al niño Jesús y se fueron llenos de gozo, de alabanza. Fueron ellos los primeros testigos de Jesús.
Luego los magos, ricos en inteligencia, dinero y conocimiento, también fueron llamados para ver a Jesús. Tuvieron que recorrer un largo camino. Le llevaron oro, símbolo de su gloria de Rey; incienso, símbolo de su excelencia, siendo Dios, y mirra, imagen de los sufrimientos que tendría que soportar en su condición humana. Ofrecieron todo esto al niño y se postraron ante él.
La adoración a Jesús es expresada, tanto por los pobres como por los ricos, en el agradecimiento y la humildad, porque Jesús, tomando forma de hombre, “se despojó a sí mismo” (Filipenses 2:7). Veló su gloria eterna para venir a este lugar donde el hombre podía al fin ver a Dios y conocerlo como Emanuel, es decir, “Dios con nosotros”.
Zacarías 9-10 - Apocalipsis 18 - Salmo 147:1-6 - Proverbios 30:24-28

jueves, 24 de diciembre de 2015

La alabanza de los ángeles y la alabanza de los hombres

El ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo... os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor... Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
Lucas 2:10-14

Sucedió una noche en Oriente, cerca de Belén. Unos pastores guardaban sus rebaños en los campos. A primera vista era una noche como las demás. Pero repentinamente un ángel del Señor apareció a los pastores, y luego una multitud de ángeles empezó a alabar a Dios. Celebraban un acontecimiento que había pasado desapercibido: la llegada de un niño, nacido en medio de la pobreza, en una familia modesta. Los ángeles, criaturas celestiales, mensajeros de Dios, revelaron a unos sencillos pastores el sentido extraordinario de este nacimiento: “Os ha nacido hoy... un Salvador, que es CRISTO el Señor”.
Más de 2.000 años después, con motivo de la Navidad, la cristiandad recuerda mediante cánticos ese mensaje del Evangelio. Entre ellos, el villancico «Noche de paz» es uno de los más conocidos. Fue cantado por primera vez en un pequeño pueblo austríaco, en el año 1818. Un modesto vicario, Joseph Mohr, compuso las palabras, y el músico del pueblo, Franz Gruber, compuso la melodía. Aunque muy sencillo, este villancico consiguió sobrepasar las fronteras y las barreras lingüísticas.
¿Se conmueve su corazón al pensar en este tema de sumo gozo: la venida a la tierra de Jesús, el Salvador, el regalo que Dios ofreció a los hombres?
Zacarías 8 - Apocalipsis 17 - Salmo 146:8-10 - Proverbios 30:21-23

martes, 22 de diciembre de 2015

Un recién nacido

Al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María.
Mateo 2:11
Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne... visto de los ángeles.
1 Timoteo 3:16
Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer.
Gálatas 4:4
En la sala de espera del pediatra observaba a los que me rodeaban. Una madre tenía en sus brazos a un recién nacido, acababa de sacarlo cuidadosamente de un cochecito muy confortable. Ese bebé, de sólo unos días de nacido, todavía no tenía la fuerza suficiente para mantener su cabeza erguida. Descansaba en los brazos de su madre, que le sostenía la cabecita. En ese momento pensé: «Ese bebé depende realmente de su madre... Afortunadamente ella lo sostiene bien».
La fragilidad y la dependencia de este niño dirigieron mis pensamientos hacia otro niño recién nacido que estuvo acostado en un pesebre, hace más de 2.000 años. Los ángeles, maravillados, habían anunciado a los pastores: “Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” (Lucas 2:12).
Los ángeles y todos los que lo visitaron contemplaron a ese niño en la humilde condición de un recién nacido, que depende de los cuidados de su madre... Sin embargo Él había creado el sol, la luna, las estrellas, así como a los hombres y todas las maravillas del universo.
Qué gran humildad “hubo en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8).
Zacarías 6 - Apocalipsis 15 - Salmo 145:14-21 - Proverbios 30:17

Sublime Gracia