lunes, 5 de diciembre de 2016

Una diosa sin brazos

¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción.
Jeremías 2:28
El evangelio... es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.
Romanos 1:16
Hacia el final de su vida, en una visita hecha al Museo del Louvre, en París, el poeta alemán Heinrich Heine se sentó frente a la estatua de la Venus de Milo. Enfermo y profundamente deprimido, meditaba sobre su vida perdida y la muerte que le esperaba. Recordando esa experiencia escribió lo siguiente: «Allí estaba, abatido por los remordimientos y llorando tanto que incluso una piedra tendría compasión de mí. Pero frente a mí la diosa parecía considerarme y decirme: ¿No ves que no tengo brazos y que me es imposible ayudarte?».
¡Un ídolo sin brazos! Es bien el símbolo de un mundo incapaz de levantar y ayudar a aquellos cuyos cuerpos y almas arruinó.
El hombre necesita ser amado. ¿Dónde hallará una verdadera simpatía? En ninguna parte en un mundo egoísta donde cada uno persigue sus intereses personales, en ninguna parte, excepto en el corazón de Dios. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Dios nos ama, este es el primer mensaje del Evangelio.
Sin embargo, por grande que sea esta revelación, no nos basta. El hombre también necesita ayuda. Necesita un poder externo a él, capaz de sacarlo de su miserable condición moral, de las garras del pecado y del temor de la muerte. Y ese poder lo encuentra en el mismo Dios Salvador. Jesús todavía invita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
Josué 23 - Santiago 4 - Salmo 138:1-5 - Proverbios 29:7-8

viernes, 4 de noviembre de 2016

Al lado de una tumba

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16
Todos los habitantes de un pequeño pueblo se habían reunido en torno a una tumba. Ese acontecimiento no tenía nada de particular, excepto que el difunto, un incrédulo, había expresado el deseo de que en su entierro no hubiese ninguna ceremonia religiosa. Cuando el féretro fue bajado a la fosa, hubo un gran silencio... ¿Abandonarían el cementerio sin una palabra de consuelo a los familiares, sin una oración a Dios? ¡Nunca se había visto algo semejante en el pueblo!
De repente, un amigo de la familia, cristiano, preguntó a la viuda si podía decir algo. Ella aceptó con gusto. Entonces leyó el versículo que aparece al principio de esta hoja, y recordó simplemente en qué consiste el amor de Dios, quien dio a su Hijo para la salvación de los hombres. Luego oró y encomendó la familia y toda la asistencia a la misericordia de Dios. Todos se sintieron aliviados y se fueron, después de haber escuchado estas palabras de ánimo.
El sepulturero se dirigió al cristiano que había hablado y le dijo:
–Señor, sin duda usted es cura o pastor.
–Ni uno ni otro.
–Entonces, ¿estudió Teología para poder predicar?
–No. Simplemente soy creyente y he aprendido a conocer la gracia de Dios y el don del Señor Jesucristo. El sepulturero estalló en lágrimas.
–No llore, Dios lo ama y quiere salvarlo.
–¡Ya lo hizo, señor, soy salvo desde esta tarde!
Deuteronomio 28:1-37 - Juan 18:1-18 - Salmo 119:113-120 - Proverbios 26:23-24

viernes, 14 de octubre de 2016

Del mundo al Padre

(Jesús dijo:) Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
Juan 16:28
El versículo de hoy se halla al final de las palabras de despedida que el Señor Jesús dijo a sus discípulos. Son declaraciones importantes sobre su maravilloso camino.
“Salí del Padre...”. Jesucristo es el Hijo eterno de Dios, quien descendió a la tierra para vivir entre los hombres.
“He venido al mundo”. Dios se hizo hombre y, como tal, vino al mundo naciendo de una mujer, María, pero concebido por el Espíritu Santo, persona divina. El gran objetivo de su venida fue mencionado por el apóstol Pablo: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Pero para ello fue necesario que muriese crucificado. Su sacrificio fue necesario para salvar a hombres como usted y yo.
“Otra vez dejo el mundo...”. Mediante su muerte expiatoria, Jesucristo satisfizo en todos los aspectos las justas exigencias del Dios santo y lo honró perfectamente. Por ello era imposible que Jesús permaneciese en la tumba. Jesucristo resucitó, y durante cuarenta días se apareció a numerosas personas que fueron testigos de su resurrección. Luego subió al cielo.
“Y voy al Padre”. Desde la ascensión de nuestro Salvador, un hombre vive en el cielo junto a Dios el Padre. El Hijo eterno de Dios, quien se hizo hombre en la tierra, seguirá siendo hombre eternamente. El creyente está unido a él indisolublemente y estará con él por la eternidad. ¡Esta es nuestra feliz esperanza!
“Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero” (1 Juan 5:20).
“Testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).
Deuteronomio 8 - Juan 6:1-21 - Salmo 117 - Proverbios 25:11

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La diversión

Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.
1 Corintios 10:7
Mas espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.
1 Samuel 9:27
El matemático y filósofo Blaise Pascal escribió: «Lo único que nos consuela de nuestras miserias es la diversión, y sin embargo es la mayor de nuestras miserias. Esto nos impide especialmente pensar en nosotros, y hace que el tiempo pase de forma imperceptible. Sin la diversión nos aburriríamos, y esto nos motivaría a buscar una forma más seria de salir de la situación. Pero la diversión nos distrae y nos conduce poco a poco a la muerte».
¡Cuántas distracciones y actividades se proponen hoy en día! El mundo es un gran patio de recreo donde cada uno busca lo que más responde a sus deseos. Nos apasionamos por un tema, luego nos aburre, buscamos otra cosa, y así sucesivamente. ¿Por qué esta actividad febril que va en aumento? Porque el hombre vive sin Dios y busca su propia satisfacción en lo que el mundo puede ofrecer. Se agita para obtenerlo, busca la diversión, y esto le impide pensar en Dios y ver su estado a la luz divina. ¡Su atención se desvía de lo fundamental!
Sin embargo Dios nos pide que estemos preparados para ir a su encuentro (Amós 4:12). Entonces, tomémonos el tiempo para hacer el balance con él. Detengámonos para escuchar lo que quiere decirnos: “Dios... ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30), porque todos pecaron. También ofrece el único medio para salvarnos: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).
Jeremías 51:1-32 - 2 Corintios 10 - Salmo 106:28-31 - Proverbios 23:24-25

sábado, 3 de septiembre de 2016

¿Cuánto tiempo le queda?

He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti.
Salmo 39:5
«¿Cuánto tiempo le queda por vivir? Descargue el test, dese prisa, la vida es corta». Con estas palabras se nos incita a descargar un juego en nuestro ordenador para que al mismo tiempo recibamos una publicidad.
Este anuncio nos interpela. Primeramente porque, por un motivo comercial irrisorio, esconde una gran verdad con respecto a la existencia humana: nadie en la tierra puede saber con exactitud cuánto tiempo le queda por vivir, sino solo Dios, quien conoce el final de algo antes de que empiece (Isaías 46:10).
Luego porque, recordando la brevedad de la vida, nos aconseja no perder el tiempo. Pero, ¿para hacer qué? ¿Para divertirse y distraerse cada vez más?
No, ¡hay algo mucho más importante! Lo más urgente es ponerse en regla con Dios, si todavía no lo ha hecho. Todo ser humano necesita reconciliarse con su Creador, pues se convirtió en enemigo de Dios al desobedecerle y hacer su propia voluntad. Pero Dios quiere que todos los hombres sean salvos, por ello invita todavía hoy a cada uno a encontrar en la persona de Jesucristo a su Salvador. “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). A aquel que cree en Jesucristo y en su sacrificio en la cruz, Dios le da la vida eterna.
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22).
Jeremías 35 - 1 Corintios 11:1-22 - Salmo 103:6-12 - Proverbios 22:17-19

jueves, 11 de agosto de 2016

La persona de Jesucristo

He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón.
Salmo 40:7-8
Las palabras del Salmo 40, citadas en el texto del encabezamiento, solo tienen su verdadero sentido en boca de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien vino del cielo a la tierra para cumplir la voluntad de su Dios y Padre. ¿Qué quería decir con ello?
Cada instante de su vida estaba consagrado a Dios. Todas sus palabras, todas sus acciones correspondían perfecta y totalmente a la voluntad de su Padre.
Ni la oposición de los hombres, ni las tentaciones de Satanás pudieron desviarlo de su camino de perfecta obediencia. Todas las fuerzas de Satanás lo atacaron el día de la tentación. Ante el tribunal religioso, la hostilidad despiadada de aquellos a quienes había servido con amor y misericordia cayó sobre él. Por voluntad propia, y en total obediencia, fue hasta la cruz, pues había dicho: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11).
Nunca había habido en la tierra un hombre así. Solo Dios Padre puede apreciar realmente la grandeza de la abnegación de su Hijo. Y desde ahora desea compartir con nosotros el valor infinito que tiene su Hijo.
Pensar en nuestra salvación es apreciar una parte solamente de la obra y la persona de Jesucristo. Pensemos igualmente en toda la satisfacción que el Padre halló en la perfección de su Hijo: en su vida, en su sacrificio y en su muerte en la cruz.
“Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).
Jeremías 16 - Lucas 20:1-26 - Salmo 93 - Proverbios 21:9-10

viernes, 29 de julio de 2016

La sinfonía inacabada

(Jesús oró a su Padre:) Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
Juan 17:4-5
Muchos dicen que la octava sinfonía de Franz Schubert fue su última obra. Según esta teoría, Schubert murió antes de haberla terminado. En realidad, «la inacabada» data del año 1822, y Schubert, quien murió en 1828, compuso muchas obras más, entre ellas la novena sinfonía. Esta misteriosa sinfonía inacabada solo lo estaba en apariencia.
Cuando Jesús entregó su vida a los 33 años, sus discípulos probablemente tuvieron la impresión de que su obra estaba inacabada. ¡Habían esperado tanto que estableciera el Reino de Dios en la tierra! Sin embargo, en la cruz, antes de morir, Jesús dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). A los ojos de Dios, su obra estaba plenamente cumplida, pues su muerte era necesaria para que todos los planes de amor de Dios se cumpliesen. El obstáculo de nuestros pecados, que nos impedían acercarnos a Dios, había sido quitado. En la cruz, Jesús llevó sobre sí la condenación que nosotros merecíamos. Su muerte es el único medio para que podamos ser reconciliados con Dios, perdonados y liberados.
Su resurrección puso fin a su obra en la tierra. Su victoria sobre la muerte y su ascensión al cielo aseguran una total y completa liberación a todos los que creen en él. Nosotros, cristianos, retengamos el ejemplo del apóstol Pablo, quien decía: “De ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús” (Hechos 20:24).
Jeremías 2 - Lucas 11:29-54 - Salmo 89:15-18 - Proverbios 20:12-13

martes, 21 de junio de 2016

No tengo a nadie

(Jesús dijo:) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Apocalipsis 3:20
Había... un hombre que hacía 38 años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
Juan 5:5-6
Juan 5:1-9
“No tengo quien...”, fue la respuesta que dio un hombre paralítico a Jesús. ¡Estaba decepcionado, agobiado!
Quizás a veces, ante una dificultad, una decepción o una prueba, decimos o pensamos: «No tengo a nadie, no hay quien me ayude, nadie que me comprenda... nadie que me ame». Mediante esta frase podemos expresar nuestra soledad o incluso nuestro rencor hacia los demás, pero reconocemos sobre todo nuestra impotencia: necesitamos ayuda.
Ese paralítico ni siquiera se daba cuenta de que ante él había alguien que quería ayudarle. Como lo hizo con ese hombre, el Señor Jesús está presente para socorrer a los que no tienen a nadie. Cada vez que lo miramos, cada vez que confiamos en él, no estamos más solos, pues él desea permanecer con nosotros. En este mundo que nos conduce inevitablemente, un día u otro, a no hallar a nadie que nos comprenda y nos ayude entre los que nos rodean, recordemos que Jesús prometió estar con nosotros todos los días (Mateo 28:20).
El Señor es todopoderoso, nada es imposible para él, “aun los vientos y el mar le obedecen” (Mateo 8:27). Puede intervenir allí donde cualquier acción humana está condenada al fracaso. Si buscamos alivio, si estamos esperando la respuesta a esta o aquella oración, este pasaje nos muestra que solo Jesús tiene el poder para salvarnos y acompañarnos durante toda nuestra vida.
Números 4 - 1 Timoteo 4 - Salmo 73:21-28 - Proverbios 17:25-26

domingo, 15 de mayo de 2016

Pensamientos y palabras

(Jesús dijo:) Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
Juan 12:49
Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.
Lucas 9:35
Varias personas preguntaron a Jesús: “¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25-26).
En un salmo, el rey David le atribuyó por anticipado esta afirmación: “He resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3).
¿Quién podría decir lo mismo? ¡Cuántos discursos están destinados a atraer clientes, partidarios y electores! ¡Cuántas promesas solemnes son hechas con el único objetivo de seducir y destacarse, pero luego no se cumplen! ¿Pensamos realmente todo lo que decimos? ¿Somos realmente lo que afirmamos ser?
Jesús era un hombre humilde de corazón (Mateo 11:29). No trató de atraer a la gente mediante hermosos discursos o vanas promesas. Declaró al hombre su estado pecaminoso sin atenuar la verdad. No se escondió, y habló fielmente de parte de Dios, a pesar de la oposición que esto le acarrearía. Nunca pronunció una palabra de más, y jamás tuvo que rectificar algo que había dicho. En él no había contradicción ni desfase entre lo que decía ser y lo que realmente era. Sus palabras eran sabias, puras y penetrantes. Jesús es el único a quien podemos creer plenamente. Él es la verdad (Juan 14:6).
Pero también está lleno de gracia. “La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). La verdad nos condena, pero la gracia perdona y atrae a todos los que reconocen su estado.
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).
Isaías 50 - Marcos 8:1-21 - Salmo 53 - Proverbios 14:35

martes, 12 de abril de 2016

¿Por qué te abates, oh alma mía?

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo... ¿Por qué te abates, oh alma mía?... Espera en Dios.
Salmo 42:1-2, 11
(Nada) nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:39
Las preguntas de la Biblia (Salmo 42)
Este creyente tiene sed de Dios y suspira por él, como un ciervo busca las aguas. Su alma está seca, sin fuerzas... ¿Por qué pasa por esos períodos de tristeza? ¡Porque piensa en la felicidad de tiempos pasados cuando, junto a otros, podía cantar! Ahora está solo, y además es el blanco de los que le preguntan: “¿Dónde está tu Dios?”. Estas preguntas son como flechas que penetran hasta lo más profundo de su ser y lo sumergen en la nostalgia y la inquietud.
Pero de repente vuelve en sí, y tres veces se pregunta a sí mismo: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?” (Salmos 42:5, 11; 43:5). Su mente está abatida e inquieta a la vez. A nosotros también nos sucede lo mismo, sobre todo en la noche: damos vueltas a los problemas y los dramatizamos, estamos abatidos, agotados, tristes, y nuestra mente inquieta trata vanamente de hallar soluciones...
¿Por qué te abates, oh alma mía? Esta simple pregunta nos da una idea de la inquietud interior. Y entonces aparece el remedio: “Espera en Dios”. Dirija la mirada de fe hacia Aquel que tiene en sus manos toda la situación. Es el dueño del futuro, y sabe muy bien qué medios emplear para animarle. ¡Confíe en él! Por el momento desea que no deje de alabarlo, que cante sin desanimarse. ¡Sigue siendo el Dios de su vida, su roca, su salvación y su fuerza! ¡Nada puede separarle de su amor!
Isaías 20-21 - 2 Tesalonicenses 2 - Salmo 42:7-11 - Proverbios 13:12-13

viernes, 1 de abril de 2016

No perder la esperanza

Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Jeremías 29:11
La esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.
Tito 1:2
La búsqueda de la felicidad es un motivo poderoso que orienta el corazón humano. Pero, ¿existe una felicidad duradera en esta tierra? Dios da al hombre muchas alegrías, especialmente esas alegrías sencillas de la vida, como el casamiento, el nacimiento de un bebé, la belleza de la naturaleza... Pero los desastres, las catástrofes, la violencia y todas las ruinas morales provocadas por lo que Dios llama pecado, acarrean tristeza y miedo en este mundo. Abramos la Biblia. Dios nos habla de felicidad: “Mis siervos cantarán por júbilo del corazón” (Isaías 65:14). Esta felicidad no tiene límites, nadie puede quitárnosla, pues es una felicidad que viene de Dios. ¿Cómo conocerla? Recibiendo el Evangelio, la buena nueva que sigue siendo actual: Dios da una nueva vida mediante la fe en Jesucristo, su Hijo. Como conoce las necesidades más profundas del hombre, vino a ocuparse de él. ¡Él es amor, y por ello nos ama a cada uno! “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).
Este gozo que Dios nos ofrece acompaña toda nuestra vida. En cuanto al pasado, permite que seamos liberados de la culpabilidad (Salmo 32:5) y nos da la seguridad de ser perdonados por Dios. En cuanto al presente, permite que nos deleitemos en una feliz comunión con Dios. Las preocupaciones y los temores con respecto al futuro son calmados mediante la certidumbre de que Dios nos conduce hacia un final feliz, incluso si a veces el trayecto está jalonado por dificultades.
Isaías 3-4 - Gálatas 1 - Salmo 37:35-40 - Proverbios 12:19-20

domingo, 27 de marzo de 2016

La resurrección

¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?
Hechos 26:8
Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
Lucas 24:34
¿Un mito o una realidad?
Después de su muerte en la cruz, Jesucristo fue puesto en una tumba labrada en la roca y sellada con una gran piedra. Para prevenir toda mistificación, los judíos mandaron que la tumba fuese vigilada por unos guardias. ¡Qué estupefacción cuando, el domingo por la mañana, la piedra rodada reveló que el cuerpo de Jesús ya no estaba allí! Entonces los jefes religiosos sobornaron a los guardias para que dijesen que sus discípulos se habían llevado su cuerpo.
Desde entonces muchas teorías fueron añadidas a esta mentira para tratar de negar la resurrección de Jesús. Pero, ¡qué evidencia!, el cuerpo ya no estaba allí, las autoridades no lo podían mostrar, y había testigos que contaban su encuentro con el Cristo resucitado. Aquellos discípulos atemorizados y desanimados se convirtieron en predicadores valientes y seguros. Habían abandonado a su Maestro y habían huido cuando él fue arrestado, pero ahora estaban nuevamente en Jerusalén para anunciar con denuedo que Jesucristo está vivo. Aunque fueron amenazados, golpeados y encarcelados, continuaron proclamando sin cesar esta verdad que los había transformado.
¿Por qué hay que darle tanta importancia a la resurrección? Porque es un elemento fundamental para la fe cristiana. Al resucitar a su Hijo, Dios mostró su total aprobación a la obra de Cristo en la cruz. Como Jesús resucitado fue recibido en el cielo, el creyente, beneficiario de la obra de Jesús, sabe que pronto será llevado junto a su Salvador a la presencia misma de Dios.
Éxodo 40 - Hechos 27:13-44 - Salmo 37:16-22 - Proverbios 12:13-14

miércoles, 9 de marzo de 2016

Un calendario interreligioso

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.
Hechos 17:24-25
La alcaldía de una ciudad francesa edita cada año un calendario interreligioso, con el loable objetivo de desarrollar la cohesión social. En él están señalados los días festivos de las diferentes religiones. Esta iniciativa está enfocada hacia la tolerancia y la aceptación del otro, actitudes tan necesarias para la convivencia en una gran ciudad. Sin embargo, las diferencias fundamentales que existen entre las religiones subsisten. Muchos pueden preguntarse justamente quién tiene razón. Algunos deciden no investigar cuál es la verdad y tratan de convencerse de que basta con ser sincero. Pero, ¿podemos encerrar al Dios que hizo el cielo y la tierra en una corriente religiosa elaborada por los hombres? ¡No! No se trata de inscribirse en tal o cual religión según el gusto, la cultura o la educación que se tenga, sino de ponerse en contacto con el Dios de los cielos. Este contacto es posible porque Dios se acercó al hombre; como este no podía ascender hasta Dios, Dios descendió a la tierra para tener un encuentro con el hombre. Dios se encarnó en la persona de Jesucristo, y de este modo se puso al nivel de aquellos a quienes quería darse a conocer. Jesús no es un jefe religioso, sino el mensajero del Dios de los cielos. ¡Es el único punto de encuentro entre Dios y los hombres! “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
¿Tiene usted una religión o un Salvador?
Éxodo 21 - Hechos 15:36-16:10 - Salmo 31:14-20 - Proverbios 11:7-8

jueves, 11 de febrero de 2016

De tal manera amó Dios

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16

–“De tal manera amó Dios al mundo”: Percibimos un poco la grandeza del amor divino que abarca a todos los hombres, y nos maravillamos de este amor. El mundo rechazó a su Creador, lo deshonró, despreció y ultrajó a su Hijo enviado a los hombres. Pero a pesar de esto, Dios ama a sus criaturas.
–“Ha dado a su Hijo unigénito”: Lo dio por personas inicuas. ¡Este fue el precio infinitamente elevado que el amor de Dios pagó! El Dios justo dio la prueba de su amor al enviar a su Hijo unigénito y muy amado, hecho hombre, a esta tierra. Él vino para borrar, mediante su sacrificio, el deshonor que el hombre había hecho a su Creador. Y más aún, cargó con mis pecados y sufrió en la cruz el juicio que yo merecía. Él me da la gracia divina. ¡Qué compasión!
–“Para que todo aquel que en él cree”: ¡Todos son interpelados, sin excepción! La Biblia nos dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.
–“No se pierda”: El mensaje de Dios no es un mensaje basado en amenazas; es un mensaje de gozo. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva. ¿Qué ocurre si alguien no acepta el ofrecimiento de Dios? Su fin será la perdición. Dios mismo expresa esto en términos muy fuertes.
–“Mas tenga vida eterna”: El que acepta a Jesucristo como su Salvador tiene la vida eterna. ¿A partir de cuándo empieza esta vida eterna? Desde el momento en que una persona se vuelve a Dios. ¡Y esto puede tener lugar aquí y ahora mismo! “El que tiene al Hijo (de Dios), tiene la vida” (1 Juan 5:12).
Génesis 45 - Mateo 26:14-46 - Salmo 22:1-5 - Proverbios 8:28-31

viernes, 8 de enero de 2016

Más allá de las montañas

Estaremos siempre con el Señor.
1 Tesalonicenses 4:17
No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará.
Apocalipsis 22:5

Una anciana estaba tejiendo cerca de la ventana de su cocina. De vez en cuando miraba, más allá del jardín, una pequeña cadena de montañas de cimas redondeadas y cubiertas de bosque. Siempre quiso ver qué había detrás de esas montañas, pero nunca fue hasta allá. De repente llamaron a su puerta.
–Hola abuela, acabo de regresar de un largo viaje y vengo a saludarte.
–¡Muchas gracias! Pero, ¿de dónde vienes?
–De China. Voy a contarte un poco lo que vi.
La anciana escuchó con entusiasmo lo que su nieto le contó, y le dijo:
–Muchas gracias por haberme llevado mediante el pensamiento mucho más allá de estas montañas. Pero yo tengo por delante un viaje todavía más largo...
–¿A tu edad? ¿A dónde vas a ir?
–A un maravilloso país muy diferente de los que tú conoces. Allí no hay noche, ni sol, tampoco hay cementerios, pues se vive eternamente.
–Pero, ¿qué se hace allí?
–Gente de todos los países cantan el amor y la gloria de Jesús, su Salvador. Lo veremos en su trono con las marcas de las heridas que los hombres le hicieron en la tierra cuando lo crucificaron.
–¿Ese país existe?
–¡Sí! Jesús está allá con todos los que creyeron en él. Pronto él mismo me dirá: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, como lo dijo al ladrón en la cruz. Si crees en el Señor Jesús, nos veremos allá.
Génesis 9 - Mateo 6:19-7:6 - Salmo 5:8-12 - Proverbios 2:10-15